Me ha costado años el poder afirmarme, estabilizarme y creerme el cuento.
Creer que soy capaz de hacer cosas
Creer que soy capaz de crear cosas nuevas
Creer que se cosas
Creer que soy buena para hacer algunas cosas
Y por esto, cada vez que realizo una actividad que me guste y en la que me siento relativamente capaz, la comento con todos mis cercanos hasta por los codos, solamente por la satisfacción que me produce estar haciéndola.
Y es así que llegada a esta momentánea estabilidad, alguien me comenta que "no se me suban los humos a la cabeza, porque el último tiempo me ha notado distinta".
Tomando en cuenta quien me lo dijo, obviamente se que fue con buena intención, pero...¿Por qué hay gente que confunde compartir la propia felicidad y entusiasmo con creerse superior a los demás? Y ¿Cuál es el límite entre ambas actitudes?
Es cierto, hay momentos en los que me gusta que me elogien, que reconozcan mi trabajo, pero he aprendido que eso no es lo que debe moverme, sino que hay que guiarse por la auomotivación.
El punto es que en este caso, me sorprendió que se confundieran mis intenciones.
En fin, esto sucede simplemente por ser humano: un ser intersubjetivo, que es definido por los otros.
Como dice Jean Paul Sarte en su obra "A puerta cerrada"
Entonces esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído... Ya os acordaréis: el azufre, la hoguera, las parrillas... Qué tontería todo eso...
¿Para qué las parrillas? El infierno son los demás.
Comenzaré con la contextualización: Terminando el año 2012, al fin logré estar un poco más estable emocionalmente con respecto a mi trabajo, principalmente, descubriendo que pensamientos me hacían sentirme poco cómoda en mi trabajo.
Esto hizo que decidiera seguir en mi mismo puesto para el año 2013, cosa que me permitió sentirme relativamente tranquila y estable.
Si se piensa objetivamente, en este momento no debería tener ningún motivo para sentirme preocupada: Vacaciones con goce de sueldo, trabajo casi asegurado para el año 2013, vivo aún con mis padres, lo cual significa que no tengo mayores gastos y no tengo mayores preocupaciones que mi trabajo y mis hobbies.
Pero, una conversación con una amiga me hizo removerme nuevamente en mi "zona de confort".
Sucede que ambas somos profesionales, egresadas hace relativamente poco tiempo. Comentábamos que a ambas nos gustan nuestras profesiones (si bien, yo no AMO mi carrera, de todas maneras me agrada) y que no tenemos grandes problemas económicos ni de otra índole. Sin embargo, coincidicmos también en que ALGO NOS FALTA. Y es justamente, la parte artística.
Y eso me hizo cuestionarme nuevamente algo que me venía a la mente por varios meses el año pasado: ¿Tengo que conformarme con "relegar" el arte a un segundo lugar? o ¿Podría arriesgarme, tomar las riendas y darle al arte un papel más protagónico en mi vida?
Y esto, mezclado con el hecho de que francamente no se que quiero para mi vida de aquí en adelante, han armado nuevamente un poco de caos en mi cabeza (o quizás si se lo que quiero, pero no me atrevo, no lo se...)
Y ese es el tema. Otra persona, que no tuviera esa inquietud artística, estaría bien con lo que yo tengo: trabajo estable y ausencia de grandes responsabilidades (quizás sólo le faltaría irse de casa para comenzar la vida independiente). Sin embargo, el hecho de tener este lado artístico hace que, si no realizo de forma frecuente este tipo de actividades, siento que me falta algo para sentirme completa.
Y es aquí cuando aparece la "maldición" de ser artista: La inquietud permanente.
Y el tema al respecto es: No puedo satisfacer esta inquietud: ¿Por una opresión externa (social)? ¿O por una opresión interna (miedo?)?
Bueno, por el momento me conformo con que estoy de vacaciones (ventaja de trabajar en educación) y con que pasaré dos hermosas semanas haciendo teatro.
Que me deparará la vida para el futuro inmediato, lo veré en algún momento...(sólo quiero que no se me pase la vida en eso)